Ni tanto que queme al Santo, ni tanto que no lo alumbre

Entre el gato y el león

Desde la

Tribuna

En algún lugar, entre el extremado -y equivocado- ego de Hugo Sánchez y el ratonero ego de hombres como Juan Antonio Luna, y Raul Arias y Chucho Ramírez, debe estar situado el ego de un entrenador de futbol mexicano.
El lugar exacto: el lugar donde se encuentra el ego de Javier "Vasco" Aguirre".
No puede -ni debe- ser que, como técnico de futbol profesional, se puedan
aceptar los términos y condiciones en las cual muchos de estos técnicos han loborado y siguen laborando, siendo tratrados como el chofer de la
familia rica, dispuestos a ser enviados a cualquier lado, y a cualquier hora.
Es precisamente por eso que muchos de los técnicos azteca siguien siendo
marginados, dando paso a las millonarias contrataciones de técnicos extranjeros cuya única virtud, esta el saber venderse a un mejor precio.
?Casos especificos?
Ricardo Lavolpe, entre otros, quien durante su ya larga carrera en México, tiene como mayor logro, el haber conquistados un campeonato y muchos millones de dólares.
?A que me refiero al decir "ego"?
Al valorar el trabajo y la capacidad propia.
Es quizás una de la debilidad del tácnico mexicano, quien generalmente al final de una carrera futbolística, piensa o siente que se le está haciendo un favor en continuar en el futbol en calidad de estratega o tecnico.
Los que han tenido esa confianza y seguridad en sus habilidades, han llegado al cargo máximo del país: la selección mexicana de futbol, incluyendo a Miguel Mejia Barón, Manolo Lapuete, Javier Aguirre y Hugo Sánchez.
Los que no, han recibido a una selección, o equipos, dejados a la deriva, sin apoyo, sin contrato a largo plazo y en condiciones en las cuales ningún técnico sensato y seguro de sí mismo, la recibiría.
Eso ha sucedido con Juan Antonio Luna y Chuco Ramirez, quienes -en pocas
palabras- aceptaron cargos sin futuro, pues aún en el momento de
recibirlos, se sabía abiertamente que eran solo por algunas horas.
La filosofía personal es, para muchos, conformista y, claramente, demasiado
humilde para su propio bien.
Eso lo vimos ecientemente con Juan Antonio Luna, quien tras la victoria ante los Tígres de Lavolpe y el Flamento en en recién "Maracanazo" se limitó a decir: "Los triunfos fueron de los muchachos"
?CHucho?. Sencillamente, el excampeon mundial sub 17 se ha dedicado a asegurar: "Nosotros sólo hacemos el mejor esfuerzo".
Eso contrasta abiertamente con personalidades como la del argentino Bruno
Marioni, del Atlas, quien en entrevista aseguró:
"Mucha gente me ha dicho que estoy teniendo un buen nivel. Yo soy bastante autocrítico y siempre trato de encontrar los puntos flojos para mejorarlos, aunque no puedo negar que estoy atravesando un buen momento en mi carrera."
O la del mismo Lavolpe, quien tuvo los tanates de enviar una carta a la
Federación Mexicana de Futbol, pavoneandose de sus "logros".
La prensa mexicana no ayuda mucho tampoco a dar seguidad al futbol y al
futbolista mexicano.
Un artículo reciente, luego de los triunfos de América en en Maracana y de Atlas en Argentina, no habló de las posibiliades de seguir avanzando en la
Libertadores, sino de los fracasos anteriores de los conjuntos mexicanos,
anunciando que "Las locas aventuras de participar simultáneamente en dos
distintas competencias no suelen tener finales felices para los clubes
mexicanos."
Quizas la mejor muestra de la personalidad de una gran parte de los
futbolistas - y eventuales técnicos mexicanos-, fué presentada en una comida informal con Javier "Vasco" Aguirre, quien entre el apertivo y la comida principal habló de la aventura como seleccionado, cuando México se midió a Italia, perdiendo 5-0, en la era de Bora Milutinovi:
"Mira, cuando llegamos al estadio, la selección italiana llegó con trajes azules de ultima moda. Nosotros llegamos con unos pinches pants verdes chíngame la retina... ya ahí iba el 1-0; Luego, al entrar a la cancha en linea, ahí estaba Quirarte, Manolo Negrete y otros, tratando de pedirle autógrafos a los italianos y negociando el cambio de camisetas para el final del partido. Así, ?que respeto les podíamos imponer...2-0... el resto ya se sabe, un 5-0 que les ha de ver dado hasta risa a los italianos."
Es esa personalidad recia, indomable, confiada lo que hace la diferencia entre estar al frente de un equipo grande, o la de estar esperando a ver a
quien se le ocurre llamarlos para una "chambita" sin futuro.
Claro que cuando se pasan de tueste, sale un Hugo Sánchez, quien si alguien le pregunta, fue uno de los inventores del futbol.
HASTA LA PROXIMA.

 

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